La notación musical, historia y beneficios de su surgimiento

La notación musical, historia y beneficios de su surgimiento

La investigación musical, con respecto al origen y formación de la música occidental, se basa en referentes históricos, que desde la antigüedad, atestiguan un avance en el desarrollo artístico-creativo del hombre. Dichos referentes no esclarecen con exactitud una noción concreta del arte musical, es el estudio de su proceso evolutivo la fuente principal de sus fundamentos conceptuales. La música tiene la particularidad de trascender por medio de la trasmisión oral, sin embargo, es imposible realizar un estudio profundo de su evolución sin las fuentes documentales necesarias para constatar su desempeño en las diferentes etapas de la humanidad. Es por ello que el surgimiento de la notación musical constituye un hecho trascendental en la historia de la música y por ende, una herramienta imprescindible para su investigación como manifestación cultural.

El termino notación se entiende como un sistema de signos convencionales utilizados para conceptualizar de forma escrita algún fenómeno físico o científico. En el caso de la música, el sistema de signos responde no solo a la indicación formal de los sonidos y los silencios, sino también a  su estilo y forma de interpretación. La nota es el componente básico, representante de un sonido específico y sus características elementales como la duración, altura, intensidad e incluso la técnica de ejecución ante un instrumento específico.

El pensamiento musical expuesto de forma escrita, o sea, la notación musical, tiene su surgimiento en la Edad Media, desde finales del siglo XIV, presentándose en manuscritos de composiciones instrumentales pertenecientes a la Iglesia Católica. Su uso se generalizó a mediados del siglo XVI y fue durante ese mismo siglo que las partituras comenzaron a utilizarse para estudio. No obstante, antes de referirme a su surgimiento y desarrollo es necesario realizar un breve bosquejo sobre sus orígenes en la antigüedad.

Con respecto al desarrollo musical y la carencia de una expresión escrita de la música durante la Edad Antigua, el  Dr. en Música alemán Hugo Leichtentritt, en su libro Música, historia e ideas expone criterios con una perspectiva muy particular que resultan muy interesantes. Es un hecho, para él y para todos los investigadores del arte antiguo, que la mayor parte de la música que se ejecutaba en las primeras grandes civilizaciones como Egipto, Mezopotamia y las pertenecientes al Lejano Oriente, no se representaba gráficamente por la carencia de un sistema de notación musical y su trasmisión era oral. Con posterioridad es que aparecen formas de escritura musical, pero con mínimas posibilidades de trascender producto a la frágil estructura del material donde se conservaban, generalmente en pergaminos o papel. Además eran materiales de poco valor artístico para los incultos, que eran mayoría, y por ello su restauración no era relevante, situación que comprueba el papel secundario que tenía la música con respecto a las demás artes en este período. Es precisamente en este aspecto en el cual Leichtentritt nos hace reflexionar y cito:

/…/ Tratamos de juzgar ese arte perdido por medio de unos pocos fragmentos que por casualidad han llegado hasta nuestra época./…/

Leichtentritt, Hugo: Música, historia e ideas, Editorial Arte y Literatura, Ciudad de la Habana, 1978.

Quizás estamos exentos de haber conocido un desarrollo musical tan rico como el que conocemos desde finales de la Edad Media e incluso una escritura musical más avanzada a la que nos llega por medio de las pinturas y grabados en piedra. Pero sólo constituyen hipótesis, la única evidencia contundente son las referencias literarias perteneciente a los poetas, filósofos e historiadores más importantes del período.

El contenido de los escasos fragmentos de música antigua que perduraron, evidencian algunos adelantos que resultan importantes para el posterior surgimiento de la notación musical. Entre las civilizaciones más antiguas, Egipto y Mesopotamia, ahondaron más sobre este aspecto o al menos donde más persistieron. Para ellos, los nombres de los intervalos eran más importantes que los nombres de los tonos individuales, se determinaban por su formación, no por su altura, y variaban dependiendo de la afinación. Esta nomenclatura y algunas indicaciones para su interpretación se conservaron como notación musical en tablillas procedentes de la antigua Siria en los albores de 1400 a.C., actualmente permanece sólo una completa. En una reciente investigación, alusión hecha por el musicólogo alemán Curt Sachs en su texto La música en la antigüedad, se encuentran unos poemas de origen babilónicos acompañados por unas sílabas que podrían ser signos de una posible escritura musical, incluso, el autor asume que fuese una melodía súmera escrita para arpa. En la cultura India, relacionada con las anteriores, se aprecian ejemplos de su escritura musical en los cuatro libros de los Vedas del siglo 1000 a.C., base de su arte.

La civilización griega, pese al saqueo sufrido durante la invasión romana, fue la más desarrollada de todas las culturas antiguas. Fueron pocos los documentos de escritura musical que subsistieron, pero su proliferación está vigente en los disimiles tratados teóricos, compilaciones e incluso diccionarios de música que surgieron de la invención de los más grandes filósofos e historiadores como Platón, Aristóteles, Boecio y Pitágoras. Antes, la escritura musical no tenía gran relevancia, Grecia fue la primera civilización en descubrir su verdadera importancia. Se especula que su sistema de notación musical está influido por el arte asiático, consiste en símbolos y letras del alfabeto dórico que representaban las notas, sobre el texto de una canción. Entre los restos de evidente música antigua que se rescataron está el epitafio de Seikilos, encontrado en una tumba en Turquía; el manuscrito de Los tres himnos de Mesomedes de Creta; y Los himnos délficos, datados hacia el siglo II.

Ahora bien, el surgimiento de la notación musical convencional  sucedió cientos de años luego de la caída del Imperio Romano. Hasta entonces se procedía de la manera clásica, aún usual en Oriente. El cantor enseña, los alumnos escuchan, repiten y solos la recuerdan con la memoria milenaria de las civilizaciones en escritura. El cambio ocurre cuando el repertorio fue más abundante y se llenó sobre todo de obras compuestas y ya no adaptadas a los antiguos esquemas. Se considera que este cambio se debe al apogeo alcanzado por el canto gregoriano en el transcurso del siglo VIII. Comienzan a aparecer las primeras formas de escritura del canto llano, donde se utilizaron signos parecidos a los acentos del lenguaje, principalmente del latín: los neumas. Los ejemplos más antiguos de notación musical en la Europa Occidental fueron escritos más como anotaciones para los textos que se cantaban. La finalidad de esta escritura inicial era más la de indicar el carácter expresivo que la altura de las notas melódicas, para resaltar las sutilezas de la expresión vocal.

Las variadas formas de los neumas representan ya sea notas simples o grupos de notas y dependen de su región de procedencia. Constaban con neumas “licuescentes”, como formas ornamentales que demandaban de una técnica especial de ejecución vocal. En el caso de las notas que se ejecutaban juntas se nombraban “ligatures”, término que trasciende hasta el siglo XVII. En la última etapa del siglo X se conoce de la distribución de los neumas de forma vertical para mostrar su altura relativa, más difundidos como neumas diastemáticos.

La posterior evolución de la notación se debe mayoritariamente a la sugerencia de Guido D´ Arezzo de utilizar pautas con líneas y espacios para indicar las alturas y que una de ellas se identificara con una letra de la altura, lo cual implica además el aparecimiento de las claves. El pentagrama sólo admitía intervalos precisos de tono y semitono que eximían sonidos imprecisos permitidos por los neumas. Otros de sus aportes fue la nomenclatura de las seis primeras notas de la escala, definidas como ut, re, mi, fa, sol y la, basados en la primera sílaba de los versos del himno de San Juan Bautista escrito por Pablo el Diácono; designó las distintas octavas con letras mayúsculas y dobles; posteriormente a petición del italiano Bonocini reemplaza el sonido ut por do para facilitar la práctica del solfeo o solminización, o sea cambia la sonoridad cerrada por una más abierta y sonora. Indiscutible con Guido la notación musical logra un notable desarrollo e incluso supera el sistema de los neumas anterior.

Alrededor del año 1200 ocurre otro avance importante respecto a la codificación de formas establecidas de combinar ligaduras para establecer una clara indicación de los patrones rítmicos de la música. Se definieron seis “modos rítmicos”, nombre con el cual se les denominó. La ligadura era uno de los signos de mayor uso, indicadora de distintos patrones rítmicos. Se le llamó ordo a la más pequeña de las unidades de cada patrón modal. Teniendo en cuenta características musicales de estilo, la melodía propiamente litúrgica es libre, mientras que los poemas de carácter profano se miden con mesura.  

La conformación de la nomenclatura rítmica estuvo condicionado por varias teorías que indistintamente le otorgaban al ritmo mayor o menor importancia dentro del discurso musical. El fundador del scriptorium, Dom. Pothier, defendía la teoría del acento latino como punto de partida para crear la melodía, mientras su sucesor, Dom. Mocquereau, entendía la organización de la melodía por ella y para ella misma. Entre sus oponentes estaban los mensuralistas, que consideraban indispensable darle medida a la melodía.

Ya entrando en el siglo XII la notación se torna cuadrada y se mantiene estática, o sea, que no presenta cambios representativos en ese aspecto hasta siglos posteriores. El aspecto que se modifica en este periodo se dirige principalmente a las dimensiones de las notas, cada vez son mayores y no se ligan entre sí. En el Tratado de Ars Nova de Philippe de Vitry, en el siglo XIII se perfecciona el sistema de notación propuesto por Franco de Colonia, establece tres subdivisiones de valor de nota: de la larga a la breve, de breve a semibreve y de semibreve a mínima. Aparecen novedosos cambios referentes al ritmo como la posibilidad de representarlo con mayor exactitud que antes y, por primera vez, la síncopa se convirtió en un componente factible dentro del lenguaje musical occidental.

En estos siglos se presentaron los principales parámetros de la notación musical actual, posterior a ellos solo se han realizado modificaciones para facilitar cuestiones de interpretación y estudio. Durante el siglo XX la vanguardia se encarga de realizar nuevos diseños de notación musical, muy pocos convencionales pero que no dejan de conservar estos parámetros básico. Es un período convulso, de libre expresión del artista, por lo que la partitura muestra una serie de símbolos, en ocasiones incoherentes, de muy difícil decodificación.

Indudablemente el surgimiento de la notación musical fue un hecho trascendental para los destinos de la música del mundo occidental. No obstante me remito a la siguiente cita:

El registro de la música  de arte en el sistema de notación occidental ofrece una representación más o menos inteligible de las alturas y los ritmos pero no deja de ser un simple esqueleto de la música que debe articularse con recursos y sutilezas interpretativas implícitas, generalmente imposibles de plasmar por escrito.”

Diccionario Enciclopédico de la Música, Oxford 2008.

La escritura musical favoreció de un modo crucial y de gran alcance el desarrollo del arte musical, específicamente de la composición y conservación de la música. Sin embargo, no deja de ser una simple herramienta para el arte musical. Eso no le desvalida el mérito de su indiscutible papel hegemónico dentro de la trascendencia de una obra musical. Marcó una pauta entre la antigüedad y los posteriores estilos musicales hasta llegar a la actualidad.

Bibliografía

  • Leichtentritt, Hugo: Música, historia e ideas, Editorial Arte y Literatura, Ciudad de la Habana, 1978.
  • Diccionario Enciclopédico de la Música, Oxford 2008.
  • Sarchs, Curt. La música en la antigüedad. Biblioteca de iniciación cultural.
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